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Drones deben aprender a navegar en áreas densamente pobladas

January 7, 2015 GMT

CORPUS CHRISTI, Texas, EE.UU (AP) — Para que los drones se conviertan en parte de la vida cotidiana, tendrán que aprender a volar sobre pueblos y ciudades sin que se caigan encima de los techos de automóviles o se estrellen con los peatones.

La tecnología ha avanzado tanto que quienes quieran manejar estos aviones no tripulados, lo pueden hacer desde sus iPhones. Pero nadie ha desarrollado un sistema que ayude a los drones a detectar y evadir otros objetos como árboles, postes de luz, edificios e, incluso, otros drones.

Esa capacidad de volar con total autonomía será fundamental antes de que miles de drones vuelen sobre nuestros vecindarios.

Una tecnología similar ya, de hecho, existe. Los aviones comerciales, por ejemplo, son capaces de detectar a otros aviones en el cielo y advertir a los pilotos de las montañas que se atraviesan en sus rutas. El problema es cómo desarrollar un sistema de detección lo suficientemente pequeño, ligero y barato que funcione en estos aviones no tripulados.

Aurora Flight Sciences, una empresa militar que fabrica drones basada en Manassas, Virginia, está tratando de desarrollar esta tecnología utilizando eco-localizadores, un aparato que emite ondas sonoras y detecta los ecos producidos al chocar con otros objetos. Esta tecnología es similar a la utilizada por los submarinos o a la manera cómo los murciélagos vuelan en la oscuridad.

Otras empresas están utilizando sensores ópticos para localizar los obstáculos de una ruta. Pero esos sistemas aún tienen que desarrollarse pues no funcionan bien en la oscuridad o la niebla.

Investigadores alrededor del mundo, académicos o vinculados a empresas privadas, están tratando de resolver el problema.

En Estados Unidos, gran parte de las investigaciones y el trabajo se está haciendo en seis lugares que cuentan con la aprobación del gobierno. Todos están conectados con universidades y son de los pocos lugares de ese país en donde legalmente se pueden hacer pruebas de vuelo de aviones no tripulados para ver qué funciona y qué no.

“Todo esto es como una gran juguetería”, dice Ahmed Mahdy, profesor de ingeniería mecánica del campus de la universidad de Texas A & M en Corpus Christi, que opera uno de los laboratorios de prueba, en referencia a que cualquier solución puede ser compatible.

Uno de sus estudiantes está examinando otro problema relacionado: ¿qué pasa si un avión no tripulado tiene que hacer un aterrizaje de emergencia?

Su solución consiste en desarrollar un software que le permita a los drones identificar una letra H dibujada en un círculo, que indica la existencia de un helipuerto, a través de un sistema de reconocimiento de imágenes. Si un avión no tripulado pierde el contacto con su controlador en una gran ciudad, los investigadores presumen que es seguro que aterrice en un helipuerto.

Los drones autónomos podrían funcionar en algunas situaciones, pero para la gran mayoría de los vuelos todavía requieren de pilotos humanos.

Los estudiantes de Mahdy, que trabajan en un laboratorio con apariencia de bodega, hacen experimentos a diario para facilitar el trabajo de los seres humanos. Uno experimenta con las ondas cerebrales para volar el avión, aunque parece que requiere de mucho esfuerzo. El piloto requiere mucho entrenamiento, debe centrarse exclusivamente en los comandos de vuelo y se agota fácilmente.

Amiz D’Austri, estudiante universitario, modificó un dispositivo llamado Oculus para que pueda servir para volar un avión no tripulado. El aparato, parecido a unas gafas para esquiar, tiene una pequeña pantalla de televisión que bloquea la vista y que normalmente se utiliza para jugar videojuegos de realidad virtual.

D’Austri le colocó una cámara al avión no tripulado, lo que le permite manejarlo haciendo leves movimientos de cabeza. Lo que ve a través de las gafas es una imagen en tiempo real desde el avión no tripulado.

Christopher Ríos, estudiante universitario, usa un par de gafas Google para manejar estos aviones. “OK, bien, despega”, dice mientras un pequeño dron, con cuatro rotores, despega.

Ríos inclina la cabeza hacia adelante y el drone avanza. Luego, inclina la cabeza hacia la izquierda y el aparato se mueve hacia la izquierda. Al igual que con el Oculus, una pequeña pantalla en sus gafas le muestra un vídeo en directo desde la diminuta cámara instalada en el avión.

Luego dice: “OK, date vuelta”. En ese momento, el dron se pone patas arriba.

Finalmente le ordena que aterrice. El vuelo ha terminado.