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Protegidas por la ley, mariposas sobreviven entre las bombas

November 19, 2019 GMT
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En esta imagen, tomada el 29 de julio de 2019, una mariposa de Saint Francis Satyr descansa sobre una hoja en un pantano, en Fort Braggs, Carolina del Norte. Un biólogo marcó su ala para identificarla en el estudio del raro insecto. (AP Foto/Robert F. Bukaty)
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En esta imagen, tomada el 29 de julio de 2019, una mariposa de Saint Francis Satyr descansa sobre una hoja en un pantano, en Fort Braggs, Carolina del Norte. Un biólogo marcó su ala para identificarla en el estudio del raro insecto. (AP Foto/Robert F. Bukaty)

FORT BRAGG, Carolina del Norte, EE.UU. (AP) — En un ámbito inusual --una de las instalaciones militares más grandes del mundo-- se puede observar el funcionamiento de la Ley de Especies En Peligro de Extinción.

Allí, mientras estalla a la distancia un explosivo de casi 200 kilos (400 libras), la pequeña mariposa de Saint Francis Satyr revolotea entre los árboles lista para depositar hasta un centenar de huevos. En algún momento, esta mariposita marrón sobrevivía en un solo sitio en la Tierra: El polígono de artillería de Fort Braggs.

Ahora, gracias en buena medida a una ley de hace 46 años, se la ve en otros ocho sitios, en distintos sectores de la base del ejército. Y, si todo sale bien, pronto habrá un décimo hábitat.

Se trata de una de las mariposas más extrañas que hay, de las que tal vez quedan unas 3.000. Nunca habrá las suficientes como para sacarlas de la lista de especies en peligro, pero tampoco están a punto de extinguirse.

En algunos sentidos, la mariposita es un ejemplo ideal de las más de 1.600 especies que están cobijadas por la Ley de Especies en Peligro. Vivas, pero sin que les vaya demasiado bien.

Para algunos expertos, el solo hecho de tener a estas criaturas vivas es un indicio de que la ley funciona. Más del 99,2% de las especies protegidas sobreviven, según pudo revisar The Associated Press. Solo 11 fueron declaradas extintas y los expertos aseguran que todas, con un par de excepciones, se habían extinguido antes de ser incorporadas a la lista.

Por otro lado, solo 39 especies estadounidenses --un 2% del total-- han sido sacadas de la lista de especies en peligro debido a su recuperación, incluidas el águila calva, los halcones peregrinos y el caimán americano.

La mayoría de las especies en la lista van de mal en peor. Solo un 8% mejoró, de acuerdo con un estudio del 2016 de Jake Li, director de biodiversidad del Centro para la Innovación de Políticas Ambientales de Washington.

“La mayoría de las especies en la lista de especies en peligro seguirán allí indefinidamente. Y no creo que eso sea porque la Ley de Especies en Peligro no funcionó”, expresó Li.

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La Ley de Especies en Peligro “es un reaseguro”, declaró Gary Frazer, director adjunto de servicios ecológicos en el Servicio de Pesca y Vida Silvestre, que hace cumplir la ley.

“Listamos las especies solo cuando todas las otras herramientas no dieron resultado”.

La ley fue promulgada por el presidente republicano Richard Nixon el 28 de diciembre de 1973. Había sido aprobada abrumadoramente, por unanimidad en el Senado y 355-4 en la Cámara de Representantes.

Fue pensada para evitar la extinción de especies y proteger su hábitat. Dispuso que dos organismos federales --el Servicio de Pesca y Vida Silvestre y el Servicio Nacional de Pesca Marina-- elaborasen una lista de especies en peligro.

Bajo la ley, es ilegal “hostigar, dañar, perseguir, cazar, disparar, herir, matar, atrapar, capturar o coleccionar” animales en peligro. También se prohíbe la destrucción de sus hábitats. Inicialmente la ley cobijaba solo a los animales, pero después se agregaron plantas también.

La ley generó todo tipo de enfrentamientos en las décadas de 1970 y 1980, incluida una famosa disputa sobre la construcción de la represa Tellico en Tennessee, que ponía en peligro un pequeño pez del este de Tennessee, el “snail darter”. El caso llegó a la Corte Suprema, que falló a favor del pez, pero el Congreso eximió a la represa de cumplir con esa ley.

Ahora la ley está nuevamente en discusión. En septiembre, el gobierno de Donald Trump hizo algunos cambios en el proceso para determinar si corresponde incluir una especie en la lista. Los detractores de los cambios afirman que de ahora en más se tomará en cuenta el costo que esa incorporación representa a una industria.

Incluso dejando eso de lado, la ley conlleva costos. Otra especie de Fort Bragg, el pájaro carpintero de cresta roja, es un buen ejemplo.

En el 2016, el último año del que hay cálculos de costos por especie, el gobierno invirtió 25 millones de dólares en ese animal, más de 100 veces lo que invirtió en las mariposas Saint Francis Satyr. De 1998 al 2016, el gobierno gastó 408 millones de dólares en el pájaro carpintero, una de las especies más costosas de la lista de especies en peligro.

El pequeño pájaro carpintero es miembro de la clase original de 1967. Es posible que pronto salga de la lista de especies en peligro, o, lo que es más probable, que pase a la lista de especies amenazadas.

“Algo estamos haciendo bien”, dice la jefa de la división de especies amenazadas de Fort Bragg Jackie Britcher mientras sostiene en su mano un pájaro carpintero, parada debajo de árboles con redes gigantescas para atrapar y contar a los animales.

Los pájaros carpinteros viven en pinos de hojas largas, los cuales han ido desapareciendo en el sudeste de Estados Unidos desde hace más de un siglo como consecuencia del desarrollo y de incendios. Cuando mermaron los incendios naturales, surgieron otras plantas y arbustos.

A diferencia de otros pájaros carpinteros, los de cresta roja arman sus nidos en árboles vivos. A veces les toma una década cavar la cavidad que será su hogar.

En los años 80 y 90, los esfuerzos por salvar al pájaro carpintero y sus árboles tropezaron con la oposición de terratenientes que decían que la campaña violaba su propiedad privada.

“Me sacaron del camino. Me dispararon”, dice Julie Moore al hablar de su trabajo en defensa de los pájaros carpinteros para el Servicio de Pesca y Vida Silvestre.

Los oficiales del ejército tampoco estaban demasiado contentos. Se les decía que no podían hacer ejercicios en varios sitios porque allí había pájaros carpinteros.

“No podíamos hacer maniobras. No podíamos disparar porque teníamos miedo de acabar con los pájaros”, cuenta Mike Lynch, quien fue oficial de planificación en Fort Bragg.

En los años 80 quedaban menos de 10.000 pájaros carpinteros de cresta roja en todo el país, según el científico de Virginia Tech, Jeff Walters, experto en esa especie. Biólogos construyeron cajas que harían de nidos y las instalaron en los árboles. Los pájaros carpinteros no se mostraron muy interesados.

Walters trató algo distinto entonces. Colocó las cajas adentro de los árboles y los pájaros comenzaron a instalarse en ellas.

En lugar de prohibirles trabajar en las tierras que necesitan los pájaros carpinteros, el gobierno autorizó a sus dueños a hacer ajustes, de modo tal que no dañen las aves.

Esos acuerdos de “puerto seguro... protegieron a las especies en peligro” sin ser una carga para los terratenientes, dice el ex subsecretario del interior a cargo de Pesca, Vida Silvestre y Parques Michael Bean, autor de un libro fundamental sobre la ley de las especies en peligro en 1977.

Los oficiales del ejército, entretanto, se convencieron de la necesidad de iniciar fuegos para quemar malezas. En la actualidad hay fuegos en un tercio de los terrenos cada tres años aproximadamente.

¿El resultado de esto? Cuando Britcher empezó, en 1983, había menos de 300 familias --de tres pájaros cada una-- en Fort Bragg y esa cifra bajaba. Ahora hay 453 familias en la base y 29 en los alrededores. Eso es mucho más que el objetivo que se había fijado el ejército.

Hay al menos 15.000 pájaros carpinteros en bases del sudeste del país, donde están mejor protegidos y son contados periódicamente, según Walters.

El carpintero es una “especia paraguas”, dicen los biólogos. Porque las cosas que les sirven a ellos ayudan también a las mariposas Saint Francis Satyr y decenas más de especies vulnerables.

Además, ayudan a los soldados, que ahora tienen un sitio mucho mejor para sus maniobras, afirma Lynch.

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Entre 1998 y el 2016 el gobierno nacional asignó 20.500 millones de dólares para especies individuales de la lista de especies en peligro. Esa cifra se desprende de un informe anual de gastos por especie que el Servicio de Pesca y Vida Silvestre envía al Congreso, pero ese recuento no incluye todo.

En ese período se invirtieron más de 7.000 millones de dólares tan solo en dos especies de salmón. (El salmón es caro en parte porque para ayudarlo hay que eliminar represas). Siete especies, mayormente peces, se llevaron más de la mitad del dinero gastado al amparo de esta ley, de acuerdo con informes anuales.

Se invirtieron unos 3 millones de dólares para salvar la mariposa de Saint Francis Satyr.

Nick Haddad, uno de los principales expertos del mundo en la Saint Francis Satyr, profesor de biología en la Universidad Estatal de Michigan y autor del libro “The Last Butterflies” (Las últimas mariposas), fue autorizado a ir al hogar de las mariposas, el polígono de la artillería.

Esperaba encontrar un paisaje lunar. En su lugar, cuenta, “di con uno de los sitios más lindos de Carolina del Norte, tal vez del mundo”.

Dado que nadie se adentraba en los bosques, nadie desmantelaba las represas. Nadie apagaba fuegos. Excepto por algunos pedazos de municiones, el paisaje era básicamente como se veía Carolina del Norte antes de que fuese alterado por los humanos.

A la selectiva mariposa le gusta un hábitat un tanto caótico. Necesita agua, pero no tanto. Requiere fuegos que quemen las plantas que han crecido demasiado, pero no tanto como para quemar su alimento.

Aparece dos veces al año, por períodos de dos semanas. Cuando lo hacen, Haddad se apresura a llegar a Fort Bragg y se une a un equipo de biólogos del ejército con el que cuenta las mariposas y trata de mejorar su hábitat. Instalan gigantescas cámaras inflables que se parecen a represas y que generan las pequeñas inundaciones que requieren las mariposas.

Haddad y sus estudiantes recorren el pantano usando plataformas delgadas en el agua para no destruir las hojas delicadas de las que se alimenta la mariposa y cuentan los insectos.

“No hay nada mejor que esto”, dice Haddad mientras ve volar una mariposa a punto de dejar sus huevos. “Cuando veo todos los años el menor cambio en la dirección del programa de conservación de las mariposas me inspiro”.

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Luego de recibir críticas por parte de sectores conservadores que dicen que el programa no funciona y es demasiado oneroso para la industria y los terratenientes, el gobierno de Trump dispuso 33 reformas.

Entre ellas: un cambio en las reglas para las especies “amenazadas”, la categoría justo por debajo de “en peligro”. En lugar de ordenar que reciban la misma protección que las especies en peligro, las nuevas reglas permiten otras variantes.

Esto representa un mejor manejo de la situación, dice Frazer, del Servicio de Pesca y Vida Silvestre. “Nos permite regular solo las cosas que son importante para la conservación”.

Michael Bean, en cambio, ex funcionario del Departamento del Interior, opina que el plan “desafortunadamente representa un retroceso, aunque no de consecuencias catastróficas”. Para Noah Grenwald, director de especies en peligro del Centro para una Diversidad Biológica, las regulaciones son “un desastre”.

Li dice que las excepciones permitirán que las especies sufran mayores daños cuando pasan de la categoría de “en peligro” a la de “amenazadas”.

El problema más grande, dicen Li y otros, es que no se incorporan nuevas especies a la lista. Al ritmo actual, este será el segundo año consecutivo en el que se sacaron más especies de la lista de en peligro que las que se incorporaron, algo sin precedentes.

Científicos de todo el mundo, mientras tanto, advierten sobre la extinción de millones de especies en las próximas décadas.

Nick Haddad está decidido a impedir que la mariposa de Saint Francis Satyr sea una de ellas.

Emily Dickinson dijo que la esperanza era “eso con plumas”. Para Haddad, es algo con alas, la ley que las salvó y los oficiales del ejército que la hacen cumplir.

“Esto es lo que me da esperanza”, manifestó. “Ahí es donde la ley de especies en peligro se hizo sentir”.

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El periodista de AP Nicky Forster colaboró en este despacho desde Nueva York.

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Esta serie de The Associated Press es producida conjuntamente con el Departamento de Educación Científica del Instituto Médico Howard Hughes. La AP es la única responsable de su contenido.