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Reseña: Greta Van Fleet abre sus alas con grandeza

April 15, 2021 GMT
This cover image released by Lava/Republic shows “The Battle at Garden’s Gate” by Greta Van Fleet. (Lava/Republic via AP)
This cover image released by Lava/Republic shows “The Battle at Garden’s Gate” by Greta Van Fleet. (Lava/Republic via AP)

Greta Van Fleet está de vuelta y con fuerza. Los jóvenes rockeros de Michigan, cuyo sonido y estilo clásico recuerda a Led Zeppelin, presentan “The Battle at Garden’s Gate” (Lava/Republic), un álbum no sólo fundamentado en el rock de la década de 1970 sino que se sumerge gloriosamente en él.

El segundo álbum de larga duración de los galardonados con el Grammy marca una evolución a un enfoque más expansivo, con elementos progresivos, místicos y psicodélicos. Muchas de las canciones duran más de tres minutos, mientras la banda improvisa y gabaratea con calma. Hay un poco más de Rush en esta ocasión con lo Zeppelin.

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La banda hizo equipo con el súper productor Greg Kurstin y bajo su guía esta colección tiene arreglos más elaborados, capas y progresiones de acordes, muchas secciones instrumentales y cuerdas. Todo va hacia el límite de lo grandilocuente, sin sobrepasarse, con letras sobre la naturaleza, ejércitos agrupándose y raras imágenes medievales.

Los hermanos Kiszka — el vocalista Josh, guitarrista Jake, bajista Sam — y el baterista Danny Wagner suenan fuertes, con una camaradería musical más profunda y un mayor aplomo. Esta es música que te inspirará a ponerte pantalones acampanados, dejarte el cabello largo y caminar descalzo por un bosque en el crepúsculo.

“Built By Nations” usa un riff parecido al de “Black Dog” de Zeppelin como guía, pero se abre hasta convertirse en algo completamente diferente. “Broken Bells” permite respirar a la banda, improvisando por más de tres gloriosos minutos en una forma similar a “Stairway to Heaven” que se siente más bien respetuosa, no plagiadora.

La balada “Tears of Rain” permite a Josh Kiszka convertir su voz en un huracán y “Stardust Chords” es un poco más estilo Jethro Tull. La segunda mitad del álbum pierde algo de impulso, especialmente con la desordenada e indulgente “The Barbarians”. Pero muestra un nuevo camino para la banda en el futuro, cada vez menos parecido a sus héroes musicales.

El álbum termina con “The Weight of Dreams”, que es Greta Van Fleet en su rock más progresivo, una montaña rusa de ocho minutos que te revuelve las entrañas con una ambición casi de niveles operísticos. “We stole from her a cloak of studded majesty/The queen is dead we robbed her grave” (“Le robamos a ella un manto de majestad adornada/La reina está muerta nosotros robamos su tumba”), dice la letra.

Quizá ese es un guiño a la banda que ha generado críticas por robar sonidos, pero ese tipo de comentarios son un poco más snob y desinformados. Puede que “The Battle at Garden’s Gate” no cambie la forma de pensar de nadie y Greta Van Fleet siga siendo polarizadora. Pero desestimarlos nunca ha tenido mucho sentido. ¿Te encanta el sonido del rock clásico de los 70? Entonces ¿por qué odiar a una banda que está impregnado con él y lo celebra? Dale una oída al álbum y rockea.

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Mark Kennedy está en Twitter como http://twitter.com/KennedyTwits