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Argentina llega a los 100.000 muertos por COVID-19

July 14, 2021 GMT
Una bandera nacional envuelve una cruz en una tumba en la sección COVID-19 del cementerio de la Chacarita en Buenos Aires, Argentina, el martes 13 de julio de 2021. (AP Foto/Víctor R. Caivano)
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Una bandera nacional envuelve una cruz en una tumba en la sección COVID-19 del cementerio de la Chacarita en Buenos Aires, Argentina, el martes 13 de julio de 2021. (AP Foto/Víctor R. Caivano)
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Una bandera nacional envuelve una cruz en una tumba en la sección COVID-19 del cementerio de la Chacarita en Buenos Aires, Argentina, el martes 13 de julio de 2021. (AP Foto/Víctor R. Caivano)

BUENOS AIRES (AP) — Mientras luchaba para que su cuadro de COVID-19 no empeorara, la argentina Paola Almirón se enteró de que cuatro familiares contagiados habían sido ingresados al mismo hospital donde estaba internada. La mujer pudo sobrevivir, pero la mayoría de sus allegados no lo lograron.

Todavía con algunas secuelas físicas y un año después de asistir a los entierros de su madre, su hermana y su tía, Almirón se sintió más preparada para regresar al cementerio de las afueras de Buenos Aires donde descansan sus restos. El martes honró con unas flores a las tres mujeres, quienes están entre las más de 100.000 víctimas que el nuevo coronavirus ha causado en Argentina desde que impactó en marzo de 2020.

“Falleció primero mi mamá, a los dos días mi hermana y a los tres días mi tía. Fue terrible ir al cementerio con mi hermano tres veces en una semana. Ir nosotros dos solitos a enterrar a nuestra familia”, dijo entre sollozos Almirón, de 38 años y supervisora de Enfermería en el Hospital Interzonal General de Agudos Luisa Cravena de Gandulfo durante una entrevista con The Associated Press realizada en ese nosocomio situado en la localidad de Lomas de Zamora, al sur de Buenos Aires.

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Almirón sufrió una neumonía bilateral pero tuvo fuerzas para salir adelante, lo mismo que su padre, quien también estuvo internado en ese hospital durante un mes. No pudieron sobrevivir su madre, Carmen Aguirre, de 68 años y aquejada de una patología neurológica; su hermana Laura, de 41 y con síndrome de Down, y su tía María Almirón, de 86. Un mes después de esas pérdidas el virus también se llevó a la tumba a un cuñado.

Almirón y muchos otros argentinos observan con desazón cómo su país suma 100.250 fallecidos y se sitúa entre los 13 primeros en el mundo con más decesos por cada 100.000 habitantes y el cuarto de América (221,72) después de Perú (598,23), Brasil (253,89) y Colombia (225,14), según los últimos datos de la Universidad Johns Hopkins.

Argentina, que registra este escenario pese a haber realizado cuarentenas más severas que las de otros países de la región como México o Brasil, pelea en la actualidad por mejorar su situación sanitaria mediante la aceleración del plan de vacunación en medio de una meseta consolidada de contagios y cuando la variante Delta asoma como una amenaza en el invierno austral.

“Me siento mal, no era lo que uno pensaba que iba a pasar... esta es una cifra dura, muy dura”, se lamentó ante AP el médico clínico Luis Cámera, especializado en gerontología y uno de los asesores del gobierno del presidente Alberto Fernández.

El especialista atribuyó la triste cifra a “algunos errores” cometidos durante la intermitente cuarentena y al daño generado por las variantes Andina (Lambda) y Manaos (Gamma), causantes de estragos en países vecinos.

Según Cámera, “la cuarentena argentina fue prolongada en los papeles pero no en cómo se comportaba la gente”.

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El médico aludió a las masivas manifestaciones políticas y sociales de fines de 2020, como las que generaron la muerte del astro del fútbol Diego Maradona o la aprobación en el Congreso de la ley del aborto, seguidas de las fiestas navideñas y una temporada veraniega durante la cual se relajaron las medidas restrictivas.

La segunda ola, que se disparó a fines de marzo, “vino antes de lo que tenia que haber venido” en parte “por la inconducta de la gente y con variantes nuevas muy agresivas”, señaló Cámera.

Las aglomeraciones producto de distintas manifestaciones siguen ocurriendo sin que las autoridades le pongan freno, así como el incumplimiento del aislamiento al que están obligados los viajeros que regresan al país desde el exterior.

La necesidad de los ciudadanos de salir a trabajar en medio del agravamiento de la crisis económica y algunas políticas laxas de las autoridades también han influido en los picos de contagios.

Argentina suma unos 4,6 millones de infectados. Las muertes reportadas diariamente están entre las 300 y más de 400. Los médicos las atribuyen al pico de casos que se produjo hace unos dos meses y al hecho de que una mayor proporción de pacientes de entre 40 y 60 años -que no estaban vacunados entonces- ocuparon las unidades de cuidados intensivos. Estos enfermos, que tienen mayor fortaleza física, pasan más tiempo en terapia peleando contra la enfermedad y mientras más se extiende su estadía aumenta la posibilidad de que se sufran complicaciones y fallezcan.

Según varios especialistas consultados, la clave para frenar los decesos está en acelerar la vacunación.

Edgardo Alvites Guerrero, jefe de terapia intensiva del Hospital Llavallol, acotó que “faltó un poco de velocidad en cuanto al ritmo de vacunación” que comenzó en diciembre con el personal de salud pero demoró en hacerse extensivo “a todo el mundo”.

El médico señaló que aunque últimamente ha avanzado a buen ritmo la vacunación con primeras dosis de las distintas vacunas “dista mucho del ideal, que sería que la mayor cantidad de la población esté con las dos dosis porque eso va a dar la inmunidad necesaria” para afrontar la eventual expansión de la variante Delta.

Hasta ahora han sido identificados 15 casos de esa variante, que corresponden “a viajeros internacionales” o personas relacionadas con aquellos, según el Ministerio de Salud. Nueve de los casos fueron detectados en la última semana y provenían de Estados Unidos, México y Paraguay.

De una población de unos 45 millones de habitantes, unas 20,6 millones de personas han recibido una primera dosis de las tres vacunas disponibles y sólo unos 5,1 millones las dos dosis, de acuerdo con las últimas cifras oficiales.

El tiempo apremia y por ello jurisdicciones como la capital argentina han comenzado estudios con voluntarios para sopesar la posibilidad de completar el esquema de vacunación combinando los distintos inoculantes, que son el ruso Sputnik V y los del laboratorio anglosueco AstraZeneca y del chino Sinopharm.

El gobierno espera además que comience cuanto antes la aplicación de decenas de miles de componentes 1 y 2 de Sputnik V que un laboratorio argentino ha comenzado a producir de forma local. También aguarda la posible llegada de inmunizantes del laboratorio Moderna donados por Estados Unidos y que se destraben las tratativas con Pfizer para asegurarse la provisión de inoculantes.

Los médicos sienten que, ahora más que nunca, no hay que bajar la guardia.

“Es de esperarse que venga una nueva ola... estamos en la calma antes de la tormenta”, dijo el terapista Gubby Auza mientras supervisaba las variables de varios pacientes en una sala de cuidados intensivos del Hospital Llavallol. Todos estaban por debajo de los 60 años.

Tanto él como sus colegas entablan relaciones de mucha cercanía con los enfermos y dicen sufrir cada fallecimiento como si fuera el de un allegado. “Yo siempre pregunto antes de intubar a un paciente si tiene familia... y eso nos lleva a ponernos más en compromiso”, indicó Auza.

Almirón siente que aporta su granito de arena en esta lucha desigual contra la pandemia cuando aplica las vacunas a sus compatriotas.

La enfermera hizo un llamado a no bajar los brazos. “Esperamos tanto tiempo... estuvimos encerrados, salimos, volvimos a encerrarnos; esperemos un poco más, dentro de unos meses tendríamos que estar todos vacunados y salir de esto”, sostuvo.