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En plena pandemia, militares reprimen a médicos en Myanmar

July 6, 2021 GMT
Personal médico participando en una manifestación de protesta contra el golpe militar el 25 de febrero del 2021 en Yangon, Myanmar. (AP Photo/File)
Personal médico participando en una manifestación de protesta contra el golpe militar el 25 de febrero del 2021 en Yangon, Myanmar. (AP Photo/File)

YAKARTA, Indonesia (AP) — La clínica clandestina estaba siendo atacada a tiros y los médicos adentro lloraban de miedo.

Funcionaba en un monasterio y atendía a personas heridas mientras protestaban el derrocamiento del gobierno. Pero había sido descubierta por las fuerzas de seguridad.

Una bala penetró la garganta de un joven que defendía la puerta y el personal médico trató desesperadamente de contener la hemorragia.

En Myanmar, los militares golpistas están en guerra con los servicios de salud, incluidos los médicos, firmes opositores al gobierno militar que asumió en febrero.

Las fuerzas de seguridad detienen, atacan y matan al personal médico, que cataloga como enemigo del estado. Los médicos deben trabajar en la clandestinidad en medio de la pandemia del coronavirus y el frágil sistema de salud del país está desmoronándose.

“La junta reprime todo el sistema de salud como si fuera un enemigo de guerra”, afirmó un médico de Yangon que pasó a la clandestinidad hace meses y cuyos colegas en una clínica clandestina fueron detenidos en una redada. “Creemos que atender a los pacientes, cumplir nuestra tarea humanitaria, es una obligación moral. No pensé que seríamos acusados de delincuentes”.

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En la clínica, el joven baleado se deterioraba. Poco después había fallecido.

Una estudiante de medicina que trabajaba en la clínica —que, igual que el resto del personal, pidió no ser identificada por temor a represalias—, empezó al llorar. Nunca había visto a alguien baleado.

Ahora ella misma corría peligro. Manifestantes que condenaban la incursión militar rompieron una ventana para que lo médicos pudiesen escapar.

“Lloro todos los días desde ese día”, dijo la estudiante.

El sufrimiento causado por el golpe en esta nación de 54 millones de habitantes parece no tener fin. Las fuerzas de seguridad mataron a al menos 890 personas, incluida una niña de seis años que recibió un balazo en el estómago, según la Asociación de Asistencia a los Presos Políticos, que está pendiente de los arrestos y las muertes en Myanmar. Hay unas 5.100 personas detenidas y miles han desaparecido. Los militares y la policía entregan cadáveres mutilados a sus familiares como una forma de generar miedo.

Entre tanta atrocidad, los ataques de los militares a los médicos han generado enorme resentimiento. Myanmar es hoy uno de los países más peligrosos para el ejercicio de la medicina. Este año hubo 240 ataques, casi la mitad de los 508 registrados por la Organización Mundial de la Salud.

“Esta es gente que defiende una causa justa y resiste décadas de abusos a los derechos humanos en Myanmar”, expresó Raha Wala, de Médicos por los Derechos Humanos, una organización con sede en Estados Unidos. “Los tatmadaw están decididos a usar cualquier medio necesario para cercenar sus derechos y libertades”, agregó, usando el nombre con que se conoce a los militares.

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Los militares ordenaron la detención de 400 médicos y 180 enfermeros. Los acusa de apoyar y participar en un movimiento de “desobediencia civil”.

Al menos 157 trabajadores de la salud fueron detenidos, 32 resultaron heridos y 12 murieron desde el 1ro de febrero, de acuerdo con Insecurity Insight, organización que estudia conflictos en todo el mundo.

Los médicos dicen que estos ataques violan las leyes internacionales, que prohíben reprimir al personal médico y los pacientes o negarle atención por sus creencias políticas.

“En otros países, los médicos están seguros. Son una excepción. Aquí no hay excepciones”, dijo el doctor Nay Lin Tun, médico general que está escondido desde febrero y trabaja en forma clandestina.

Los médicos están en la mira de los militares porque son muy respetados y están bien organizados. Días después de que los militares derrocasen al gobierno, incluida la Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, los médicos de los centros de salud de los militares se declararon en huelga.

Los militares respondieron golpeando al personal médico y robando insumos. Fuerzas de seguridad ocuparon al menos 51 hospitales desde el golpe, según Insecurity Insight, Médicos por los Derechos Humanos y el Centro Johns Hopkins para la Salud Pública y los Derechos Humanos.

Los militares acusaron a los médicos de genocidio por no atender pacientes, a pesar de que ellos mismos están acusados de genocidio por su trato de la minoría musulmana rohinya.

Un portavoz militar respondió a preguntas de la Associated Press enviando un artículo en el que se atribuyen los problemas del país a un supuesto fraude electoral. El partido de Suu Kyi ganó en forma aplastante las elecciones de noviembre y observadores independientes no detectaron mayores problemas con la votación.

Hoy por hoy se hacen muy pocas pruebas para detectar el COVID-19 y el programa de vacunaciones está prácticamente paralizado. Su exdirector, el doctor Htar Htar Lin, fue acusado de traición en junio. El coronavirus se propaga rápidamente en las porosas fronteras de Myanmar con Bangladesh, India y Tailandia.

Mucha gente está muriendo por falta de servicios médicos.

Debajo de un toldo en un día lluvioso, Naing Li veía cómo su hijo de cinco días tenía problemas para respirar y hervía de fiebre.

No podía hacer nada. Su esposo estaba en su aldea en el oeste del país, combatiendo a los militares, y no había médicos en la zona.

Se calcula que hay unos 600.000 bebés recién nacidos que no reciben atención básica, según la UNICEF. Un millón de niños no están recibiendo las vacunas de rutina.

Desesperada, Naing Li se arriesgó a volver a su pueblo. Se encontró con que su marido había sido herido en la espalda.

La pareja vio cómo su hijo empeoraba. Horas después, falleció en los brazos de su madre.

Esto es lo que más atormenta al personal médico: La certeza de que está falleciendo gente que podía ser salvada.

“De tener la oportunidad, podemos frenar las pérdidas de sangre, podemos salvar pacientes, evitar muertes. Esto duele mucho”, declaró el médico de Yangon. “Está muriendo nuestra generación futura”.

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Gelineau informó desde Sydney.

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El Departamento de Salud y Ciencia de The Associated Press recibe apoyo del Departamento de Educación Científica del Instituto Médico Howard Hughes. The Associated Press es la única responsable de todo el contenido.