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Dolor, carencia e incertidumbre, así fue 2020 en Perú

January 5, 2021 GMT
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Los barrenderos de la ciudad Angelo Paz Soldan, derecha, Teodosia Tito, centro, y Biviana Torres Aderiano posan para un retrato con sus uniformes y máscaras, durante el coronavirus en el mercado de Mesa Redonda en Lima, Perú, el martes 20 de octubre de 2020. (AP Foto/Rodrigo Abd)
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Los barrenderos de la ciudad Angelo Paz Soldan, derecha, Teodosia Tito, centro, y Biviana Torres Aderiano posan para un retrato con sus uniformes y máscaras, durante el coronavirus en el mercado de Mesa Redonda en Lima, Perú, el martes 20 de octubre de 2020. (AP Foto/Rodrigo Abd)

LIMA (AP) — Muchos consideran que 2020 fue un año terrible para Perú, no sólo por la pandemia que mató a miles y contagió a más de un millón, sino por una agravada crisis económica y política.

El fotógrafo Rodrigo Abd retrató a decenas de personas en el mercado mayorista capitalino Mesa Redonda, que reúne unos 300.000 clientes por día y es considerado uno de los focos contagiosos del país.

Biviana Torres, barrendera del municipio capitalino, dijo que 2020 “es el más feo” en sus 37 años de vida. Murieron ocho colegas y a veces duplicó sus funciones para limpiar las calles.

“Todos los días he trabajado, sin descanso”, dijo Torres frente a una cámara de madera junto a dos colegas.

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Los sectores que barre la convirtieron en testigo de la evolución mensual de la pandemia mientras recorría a diario con su escoba tres mercados populares, tres hospitales y la morgue de Lima.

La pandemia golpeó millones de bolsillos y el pronóstico de Perú es sombrío según el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que calculan que el Producto Interno Bruto caerá entre 12% y 14%.

Entre los más vulnerables están los ancianos solitarios como Arnulfo Ramírez. “Vivo solo. Tenía que salir a la calle, aunque sea a pedir algo porque todas las personas tienen hambre, desayunan y comen”, dijo el hombre de 75 años, soltero y sin hijos, que vive en un cuarto alquilado de Lima.

Su corazón malhumorado recibió una lección cuando un desconocido le otorgó una bolsa con víveres un día en que no había probado comida. “En el Perú yo creí que todos eran unas mierdas, pero no. Me he dado cuenta de que hay gente buena todavía”, dijo el vendedor ambulante de golosinas.

Ser lesbiana y mostrar su amor en las calles de Lima es difícil para Angela y su enamorada.

“En Perú es un poquito complicado”, dijo Angela, de 22 años, antes de ser fotografiada dándose un beso con su pareja. “La familia no acepta, pero lo que tenemos ambas es más fuerte que todo”, añadió.

Angela administraba un servicio de lavado de autos, pero en abril perdió su empleo y se sumó a los más de siete millones de desempleados que acumula Perú luego que su economía, en su mayoría informal, se paralizó a mediados de marzo por más de 100 días para cumplir un encierro forzado por las autoridades para evitar la propagación del nuevo coronavirus.

Pese a la prohibición para salir, millones rompieron la orden porque no tenían qué comer. Uno de ellos era Daniel Torres, de 44 años, que ahora —con la llegada del verano en el hemisferio sur— vende mosquiteros en las calles y se retrató introduciéndose dentro de uno de sus productos.

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En el mercado se escuchan las voces de peruanos, pero también de muchos venezolanos que trabajan desde que amanece hasta que el sol se oculta para ganar algunas monedas para comer.

Perú es el segundo mayor destino de venezolanos en el mundo después de Colombia y los extranjeros ganan 35% menos que los propios peruanos, según un estudio de la organización humanitaria independiente Refugees International con sede en Washington.

“Hay que hacer de piedras, corazones”, dijo el venezolano David Gómez, quien vive desde hace tres años en Lima, perdió su empleo como costurero de bolsos y ahora vende golosinas. “Es algo muy fuerte para muchos que nos tocó vivir la vida del emigrante”, indicó el hombre de 31 años.

En medio de la dureza de 2020, Gómez reflexionó sobre las enseñanzas que deja la pandemia para los que siguen vivos. Debe servirnos como ejemplo “para querernos más como personas”, indicó.

En las calles muchos se contagiaron y Jesús Huapaya, un médico de 50 años, dijo haber “visto de todo” durante el año, incluso morir a gente joven “por ayudar a otros que estaban enfermos”.

Huapaya, que trabaja en un puesto de salud que atiende pacientes infectados por el virus, añadió que le dolió la muerte de su amiga Meri Alcocer, una técnica en farmacia. “Falleció ayudando a su familia y a otros amigos, tenía un corazón muy noble”, dijo.

A inicios de semana Perú superó el millón de contagiados y los muertos pasan los 37.200, según datos oficiales. Aunque en los últimos meses los fallecidos diarios bajaron a menos de 50, las autoridades temen que entre las fiestas de Navidad y de Año Nuevo los casos puedan dispararse.

La incertidumbre reina en Perú por el caos político que en noviembre derivó en tres presidentes en una semana. El país no ha conseguido comprar vacunas contra el virus para sus 32 millones de habitantes a diferencia de otras naciones de la región sí lo han logrado, entre ellas México.

El conjunto de fotos en blanco y negro también incluye retratos de vendedores, compradores circunstanciales e incluso de un sexteto de músicos venezolanos que tocan salsa en las calles.

“Antes de la pandemia tocábamos en discotecas y eventos”, comentó el cantante Jesús Ibarra.

“Ahora vivimos de las propinas, pero seguimos adelante”, dijo.

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Franklin Briceño colaboró con esta nota desde Lima.