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Reseña: Alita: Battle Angel, grandes ojos y grandes efectos

February 13, 2019
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En esta imagen difundida por Twentieth Century Fox, el personaje de Alita, interpretada por Rosa Salazar, en una escena de "Alita: Battle Angel". (Twentieth Century Fox vía AP)

Alita es como cualquier típica adolescente: ama el chocolate, llega a casa más tarde de lo permitido y está enamorada de un chico despeinado con chaqueta de cuero y motocicleta. Pero Alita es atípica en otros aspectos: puede, por ejemplo, rebanar una lágrima en dos con su espada de batalla.

Esos son los dos lados que presenta “Alita: Battle Angel”, nuestro ingreso al emocionante mundo del manga del artista Yukito Kishiro, imaginado para la gran pantalla por el productor James Cameron y el director Robert Rodríguez. La película apiña tantas tramas que corre el riesgo de sentirse atiborrada, pero de algún modo se mantiene fiel a su visión hipnotizante y emerge como un triunfo de la ciencia ficción.

Alita es parte máquina parte humana y la adaptación cinematográfica de alto presupuesto combina a actores reales con efectos generados por computadora, ambos elementos presentes en la propia Alita, interpretada con ternura y ferocidad por Rosa Salazar. La actriz de ascendencia peruana recibe unos ojos enormes hechos por computadora, pero estos no distraen tanto como podría temerse: Salazar logra transmitir una profunda emoción. La película también cuenta con las actuaciones de una Jennifer Connelly fría y misteriosa y de un Mahershala Ali frío y peligroso.

El filme comienza con el torso de Alita siendo hallado entre un montón de basura por un compasivo ciberfísico interpretado por Christoph Waltz. Es el año 2563 y estamos en las atestadas y caóticas calles de Iron City, un crisol de sobrevivientes de una guerra postapocalíptica con androides por doquier. Conseguir partes nuevas parece estimular la economía.

El núcleo humano de Alita recibe un cuerpo y ésta despierta, pero no tiene memoria de su pasado. Debe descubrir quién es y cuál es su destino. ”¿Bajo las reglas de quién me rijo?”, se pregunta. Entre tanto, se enamora de un humano cazador de ciborgs (el insípido pero macizo Keean Johnson), quien se enfrenta a un conflicto moral: está de amores con una andriode de día mientras sale a destrozar a otros androides de noche.

Hay algunas subtramas que involucran a cazadores de recompenzas ciberpunk, a una élite gobernante que vive en el cielo y al deporte favorito de la ciudad _ Motorball, una combinación de roller derby y Death Race alimentada por metanfetaminas. La película tiene clasificación PG-13 (que advierte a los padres que podría ser inapropiada para menores de 13 años) pero hay bastante ciber-sangre, incluyendo más de un ojo arrancado, cortadas y amputaciones. Si estos fueran humanos, seguro hubiera recibido clasificación R (que requiere que los menores de 17 años vayan al cine acompañados de un padre o representante adulto).

Los realizadores no temen crear a una heroína tan absolutamente letal como inmadura (en un momento escarba en su pecho y le ofrece su corazón artificial latente a su novio, admitiendo más tarde entre risas que el gesto fue “intenso”). Alita puede doblegar un cuarto de asesinos insensibles y a la vez acurrucarse en el sofá y posar la cabeza sobre el pecho de su padre adoptivo. Puede hacer volteretas dignas de los Juegos Olímpicos pero su papá siempre le exige que use rodilleras y casco mientras compite en Motorball contra láseres, enormes sierras giratorias y cuchillos.

Alita tiene una fuerte moral rectora — “Yo no espero parada ante la presencia del mal” — y, afortunadamente, desatar su iracundo sello de artes marciales no es así no más. Cuando un tierno perro es sacrificado sin motivo (fuera de cámara, tranquilos), se unta la sangre del animal en la cara en señal de respeto y venganza, cierra fuerte los ojos y sale disparada como un resorte. Es claro que quien cometió el crimen no sobrevivirá los próximos 5 minutos.

“Alita: Battle Angel”, que en resumen necesita más humor y menos violencia, asombra discretamente hacia el final. Hay indicios claros de una secuela cuando Alita mira arriba al próximo campo de batalla en la ciudad del cielo. Pueden contar con nosotros. Como Hailee Steinfeld en “Bumblebee”, la Alita de Salazar es parte de una ola bienvenida de jóvenes complejas que saben manejar incluso las peores máquinas. Las chicas mandan.

“Alita: Battle Angel”, un estreno de Twentieth Century Fox, recibió una clasificación PG-13 de la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA, según sus siglas en inglés) por “secuencias violentas de acción y ciencia ficción, y algo de lenguaje” soez. Duración: 122 minutos. Tres estrellas de cuatro.

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En Internet: https://www.youtube.com/watch?v=U3D2vmWD88w

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Mark Kennedy está en Twitter como http://twitter.com/KennedyTwits .